martes, 27 de octubre de 2009

Brines, Francisco. Causa del amor


Cuando me han preguntado la causa de mi amor
yo nunca he respondido: Ya conocéis su gran belleza.
(Y aún es posible que existan rostros más hermosos.)
Ni tampoco he descrito las cualidades ciertas de su espíritu
que siempre me mostraba en sus costumbres,
o en la disposición para el silencio o la sonrisa
según lo demandara mi secreto.
Eran cosas del alma, y nada dije de ella.
(Y aún debiera añadir que he conocido almas superiores.)

La verdad de mi amor ahora la sé:
vencía su presencia la imperfección del hombre,
pues es atroz pensar
que no se corresponden en nosotros los cuerpos con las almas,
y así ciegan los cuerpos la gracia del espíritu,
su claridad, la dolorida flor de la experiencia,
la bondad misma.
Importantes sucesos que nunca descubrimos,
o descubrimos tarde.
Mienten los cuerpos, otras veces, un airoso calor,
movida luz, honda frescura;
y el daño nos descubre su seca falsedad.

La verdad de mi amor sabedla ahora:
la materia y el soplo se unieron en su vida
como la luz que posa en el espejo
(era pequeña luz, espejo diminuto);
era azarosa creación perfecta.
Un ser en orden crecía junto a mí,
y mi desorden serenaba.
Amé su limitada perfección.

Francisco Brines (1935- )

(Escucha al propio autor recitando su poema)

4 comentarios:

  1. amé su limitada perfección...

    precioso

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  2. Precioso: "era pequeña luz, espejo diminuto".
    Serenidad que penetra irremediablemente en la vida de otra persona y la transforma: creación, amor pues.
    Qué increíble. Besazos, profe.

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  3. Buenas noches:
    Precioso poema, como toda la obra de Francisco Brines.
    Me encanta su libro "El otoño de las rosas".
    Saludos. Gelu

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  4. ¡Hermoso poema!
    Refleja, aquellos amores, de los que puede ya no existen.
    Isabel

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