jueves, 22 de enero de 2009

Munárriz, Jesús. Bajo la llama.


- ¿Desconocido? El padre
del que me encerró aquí, debajo de la llama, será el desconocido.
A mí me conocía todo el mundo en mi pueblo,
y eso que no es pequeño.
Me querían, también. Y me han llorado
al darme por perdido.
Desconocidos los que me llamaron a filas,
me sacaron de casa, me vistieron de caqui,
me endilgaron un arma
y pretendieron que matara gente
disfrazada también de otro color.
Procuré escaquearme,
pero en la guerra sólo los jefes se escaquean.
Tuve que disparar, también serví de blanco,
y durante algunos meses tuve suerte.
Más o menos la cosa era como aguantar
una tormenta en descampado,
sólo que los obuses y las bombas
tiene más mala leche que los rayos.
No sé cómo acabé Algo me cayó encima
y me despanzurró como a un huevo un martillo.
Pingajos de uniforme empaquetados
en una bolsa, corno la basura,
sin identificar: así acabé, aqui, estoy.
Desconocido, claro ni mi madre
me hubiera conocido.
Bueno, morí, está bien, todos tenemos
vocación de cadáver
y cuando toca, toca
pero ¿quién fue el rnacabro que en vez de darme tierra,
como a tantos millones,
me emparedó entre mármoles, me plantó la llamita
y me dejó a merced de ilustres visitantes
con ofrendas florales a toque de trompeta
para siempre jamás?
Soldado nunca fui. Me uniformaron
para la degollina.
¿Desconocido? Siempre para ellos,
nunca para los míos.
Apaguen ese fuego por favor;
Arranquen de mi polvo esas letras de bronce.
Más leve es de civil la eternidad.

Jesús Munárriz. (1940 - )

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