miércoles, 10 de junio de 2009

Alvarado, Carlos. Con tinta de amapolas.


Con tinta de amapolas
se escriben los asuntos del alma
con tintas de amapolas
se escribe la memoria del sueño
con tinta de amapolas diseño un refugio,
un escudo, un vuelo y un cielo
porque el alma tiene de amapola
el color, lo suave, lo frágil
las arrugas y también lo etéreo
lo efímero y lo que se lleva el viento

y de ella un color que se queda en la pupila todo un invierno
amapola, alita silvestre, que se va con el frío y vuelve con el sol
y acompaña al trigo y al labriego
se alimenta de luz y se cierra en las noches
y su pétalo es bueno para elevarse al cielo
y de ella saco la tinta para ecribirte primero
con tinta de amapolas
tinta mi casa, tinto mi vino, tinte de luz
con tinta de amapolas lo tiño primero
por que su cáliz tiene de beso
por que puede que te vean roja y puede que te vean negra
quien quiera que te vea pobre, quien quiera que te vea rica
del alma extraigo la tinta, extraje ideas, extraeré primaveras
para acercarme a tu amapola o a tu espiga jactanciosa
voy y vengo como pétalo a la deriva en un viento rojo de sueños
y en mi vuelo aprendo el canto y aprendo a extraer la tinta
tinta de amapolas
tinta de besos
tinta para escribirte, yo primero...

("Con Tinta de Amapolas", Yerba Buena, Tucumán,
Lucio Piérola Ediciones, 2007)




martes, 9 de junio de 2009

Machado, Manuel. Lirio.

(Los hermanos Manuel y Antonio Machado)

Casi todo alma,
vaga Gerineldos
por esos jardines
del rey, a lo lejos,
junto a los macizos
de arrayanes…

Besos
de la reina dicen
los morados cercos
de sus ojos mustios,
dos idilios muertos.
Casi todo alma,
se pierde en silencio,
por el laberinto
de arrayanes… ¡Besos!
Solo, solo, solo,
lejos, lejos, lejos…
Como una humareda,
como un pensamiento…
Como esa persona
extraña que vemos
cruzar por las calles
oscuras de un sueño.

Manuel Machado (1874-1947)

lunes, 8 de junio de 2009

Aleixandre, Vicente. La rosa


Yo sé que aquí en mi mano
te tengo, rosa fría.
Desnudo el rayo débil
del sol te alcanza. Hueles,
emanas. ¿ Désde dónde,
trasunto helado que hoy
me mientes ? ¿ Desde un reino
secreto de hermosura,
donde tu aroma esparces,
para invadir un cielo
total en que dichosos
tus solos aires, fuegos,
perfumes se respiran?
¡Ah, sólo allí celestes
criaturas tú embriagas!
Pero aquí, rosa fría,
secreta estás, inmóvil;
menuda rosa pálida
que en esta mano finges
tu imagen en la tierra.

Vicente Aleixandre (1898-1984)

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"Espadas como labios"
"La destrucción o el amor"
"Sombra del paraíso"
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domingo, 7 de junio de 2009

González, Ángel. Inventario de lugares propicios al amor.



Son pocos.
La primavera está muy prestigiada, pero
es mejor el verano.
Y también esas grietas que el otoño
forma al interceder con los domingos
en algunas ciudades
ya de por sí amarillas como plátanos.
El invierno elimina muchos sitios:
quicios de puertas orientadas al norte,
orillas de los ríos,
bancos públicos.
Los contrafuertes exteriores
de las viejas iglesias
dejan a veces huecos
utilizables aunque caiga nieve.
Pero desengañémonos: las bajas
temperaturas y los vientos húmedos
lo dificultan todo.
Las ordenanzas, además, proscriben
la caricia ( con exenciones
para determinadas zonas epidérmicas
-sin interés alguno-
en niños, perros y otros animales)
y el «no tocar, peligro de ignominia»
puede leerse en miles de miradas.
¿Adónde huir, entonces?
Por todas partes ojos bizcos,
córneas torturadas,
implacables pupilas,
retinas reticentes,
vigilan, desconfían, amenazan.
Queda quizá el recurso de andar solo,
de vaciar el alma de ternura
y llenarla de hastío e indiferencia,
en este tiempo hostil, propicio al odio.

Ángel González (1925-2008)

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sábado, 6 de junio de 2009

García Lorca, Federico. Anda jaleo.


Yo me subí a un pino verde
por ver si la divisaba,
y sólo divisé el polvo
del coche que la llevaba.

Anda, jaleo, jaleo!
Ya se acabó el alboroto
y vamos al tiroteo.
inita
En la calle de los muros
han matao a una paloma;
yo cortaré con mis manos
las flores de su corona.

Anda, jaleo, jaleo!
Ya se acabó el alboroto
y vamos al tiroteo.

No salgas, paloma, al campo,
mira que soy cazador,
y si te tiro y te mato
para mí será el dolor,
para mí será el quebranto.

Anda jaleo, jaleo!
Ya se acabó el alboroto
y vamos al tiroteo.

Federico García Lorca (1898-1936)

Escúchala en la voz de La argentinita 
(grabación de 1931 con Lorca al piano)

viernes, 5 de junio de 2009

Sabines, Jaime. Ayer estuve observando.



—Ayer estuve observando a los animales y me puse a pensar en ti. Las hembras son más tersas, más suaves y más dañinas. Antes de entregarse maltratan al macho, o huyen, se defienden. ¿Por qué? Te he visto a ti también, como las palomas, enardeciéndote cuando yo estoy tranquilo. ¿Es que tu sangre y la mía se encienden a diferentes horas?

Ahora que estás dormida debías responderme. Tu respiración es tranquila y tienes el rostro desatado y los labios abiertos. Podrías decirlo todo sin aflicción, sin risas.

¿Es que somos distintos? ¿No te hicieron , pues, de mi costado, no me dueles?

Cuando estoy en ti, cuando me hago pequeño y me abrazas y me envuelves y te cierras como la flor con el insecto, sé algo, sabemos algo. La hembra es siempre más grande, de algún modo.

Nosotros nos salvamos de la muerte. ¿Por qué? Todas las noches nos salvamos. Quedamos juntos, en nuestros brazos, y yo empiezo a crecer como el día.

Algo he de andar buscando en ti, algo mío que tú eres y que no has de darme nunca.

¿Por qué nos separaron? Me haces falta para andar, para ver, como un tercer ojo, como otro pie que sólo yo sé que tuve.

Jaime Sabines (1926-1999)

Escucha al autor recitando su poema en
La Palabra Virtual

jueves, 4 de junio de 2009

Castelar Lorca, Sara. Collige, virgo, rosas.


El tiempo escribe su almanaque de huesos
y declina los pliegues del reloj en el implacable arco de las uñas.
Para la eternidad se suman nombres,
almas consagradas a La Estigia
como peces finales que se enroscan al sueño.

Resulta terrible la vejez de la araña
que multiplica en ocho la tristeza,
resulta tan terrible el aguijón alado de la arruga
posándose en el rostro, la consciencia del dios inanimado
que desde el vientre acude a despedirnos.

Deja que la ceguera selle el plomo de lo efímero
y el corazón se lacre con la avidez del siempre.

Sí, yo soy la que descansa sobre un río
y renegó de mares secundarios para sumarme al Uno,
la que disecciona uvas
para abrigar la lengua con su humedad carnosa,
la que aparta el revólver de la nuca con el que todos nacen,
la que baila
o gime
sobre el ribete terso de la noche.

Deja que la razón desborde hasta cambiarse el rostro,
hasta doblarse obscena sobre su propio cuerpo,
que sucia se derrame sobre los calendarios
y que el día se quiebre en sus terminaciones.

Sí, yo soy la que recoge las rosas
y corre tan descalza como las buganvillas,
la que traiciona al miedo con los besos más dulces
o descose los hilos del lenguaje donde lo eterno recta.

Porque siempre nunca es siempre jamás.

Sara Castelar Lorca

(Gracias a la autora por autorizar la publicación del poema en nuestro blog)

miércoles, 3 de junio de 2009

Morábito, Fabio. Hay una bestia.


Hay una bestia adentro que me seca,
se mueve por arterias,
no por venas,
pero soy incapaz de dibujarla,
sólo la intuyo.
Un verso bastaría para matarla
pero es astuta
se mueve en lo profundo.
Me abro las venas
para que caiga, para que se disperse
y me conozca
pero ella ayuna
y a veces creo que se ha ido
y me ha dejado libre.
Y sin embargo sigue ahí
como una raspadura inocua,
como quien hace un túnel,
y puedo oírla en mis mejores versos.
Ella también está cautiva,
está en mi círculo vicioso.
¿En qué momento se desbordará
para ocuparme,
para integrarme más a lo que soy,
para volverme idéntico a mí mismo
y encarcelarme en todo lo que he escrito
hasta dejarme mudo?


Ecucha poemas de Fabio Morábito recitados por él mismo en


martes, 2 de junio de 2009

Peri Rossi, Cristina. In memoriam.


Escríbelo para que no perezca.
Escríbelo contra el olvido.
Escríbelo para retenerlo.
Fíjalo en palabras,
runas del deseo,
abecedario del amor,
palíndromo de ama, amalama,
y una vez escrito,
una vez fijado en tinta,
en papel,
en caligrafía,
en cuartillas,
una vez clavado, retenido, encerrado en palabras,
léelo.
Comprenderás, entonces, que todo ha sido inútil.
La vida se nos escapó entre las caricias y los besos
como se nos escapó en palabras.

Cristina Peri Rossi (1941-)

lunes, 1 de junio de 2009

Whitman, Walt. Una hoja de hierba.


Creo que una hoja de hierba, no es menos
que el día de trabajo de las estrellas,
y que una hormiga es perfecta,
y un grano de arena,
y el huevo del régulo,
son igualmente perfectos,
y que la rana es una obra maestra,
digna de los señalados,
y que la zarzamora podría adornar,
los salones del paraíso,
y que la articulación más pequeña de mi mano,
avergüenza a las máquinas,
y que la vaca que pasta, con su cabeza gacha,
supera todas las estatuas,
y que un ratón es milagro suficiente,
como para hacer dudar,
a seis trillones de infieles.

Descubro que en mí,
se incorporaron, el gneiss y el carbón,
el musgo de largos filamentos, frutas, granos y raíces.
Que estoy estucado totalmente
con los cuadrúpedos y los pájaros,
que hubo motivos para lo que he dejado allá lejos
y que puedo hacerlo volver atrás,
y hacia mí, cuando quiera.
Es vano acelerar la vergüenza,
es vano que las plutónicas rocas,
me envíen su calor al acercarme,
es vano que el mastodonte se retrase,
y se oculte detrás del polvo de sus huesos,
es vano que se alejen los objetos muchas leguas
y asuman formas multitudinales,
es vano que el océano esculpa calaveras
y se oculten en ellas los monstruos marinos,
es vano que el aguilucho
use de morada el cielo,
es vano que la serpiente se deslice
entre lianas y troncos,
es vano que el reno huya
refugiándose en lo recóndito del bosque,
es vano que las morsas se dirijan al norte
al Labrador.
Yo les sigo velozmente, yo asciendo hasta el nido
en la fisura del peñasco.

(Versión de León Felipe)

Walt Whitman (1819-1892)


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