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domingo, 1 de noviembre de 2009

Zorrrilla, José. Don Juan Tenorio



DOÑA INÉS:
Callad, por Dios, ¡oh don Juan!,
que no podré resistir
mucho tiempo sin morir
tan nunca sentido afán.
¡Ah! Callad, por compasión,
que oyéndoos me parece
que mi cerebro enloquece
y se arde mi corazón.
¡Ah! Me habéis dado a beber
un filtro infernal sin duda,
que a rendiros os ayuda
la virtud de la mujer.
Tal vez poseéis, don Juan,
un misterioso amuleto,
que a vos me atrae en secreto
como irresistible imán.
Tal vez Satán puso en vos
su vista fascinadora,
su palabra seductora
y el amor que negó a Dios.
¿Y qué he de hacer, ¡ay de mí!,
sino caer en vuestros brazos,
si el corazón en pedazos
me vais robando de aquí?
No, don Juan; en poder mío
resistirte no está ya;
yo voy a ti, como va
sorbido al mar ese río.
Tu presencia me enajena,
tus palabras me alucinan,
y tus ojos me fascinan,
y tu aliento me envenena.
¡Don Juan! ¡Don Juan! Yo lo imploro
de tu hidalga compasión:
o arráncame el corazón,
o ámame, porque te adoro.

DON JUAN:
¡Alma mía! Esa palabra
cambia de modo mi ser,
que alcanzo que puede hacer
hasta que el Edén se me abra.
No es, doña Inés, Satanás
quien pone este amor en mí;
es Dios, que quiere por ti
ganarme para Él quizás.
[...]
Acto IV, Escena III

José Zorrilla (1817-1893)

miércoles, 26 de agosto de 2009

Zorrilla, José. A buen juez mejor testigo.


(Zorrilla cuenta que el soldado Diego Martínez, antes de partir a las guerras de Flandes, promete a su novia Inés de Vargas que al regreso se casará con ella ante la imagen del Cristo de la Vega. Pasa un día y otro día, un mes y otro y el soldado vuelve convertido en el capitán don Diego, pero la idea de casarse la desecha por completo. Inés de Vargas apela entonces a la justicia para que don Diego cumpla la promesa que hizo, y pone al Cristo por testigo que presenció la promesa del capitán. Van pues a tomar juramento a tan singular testigo el gobernador con sus jueces y guardias...)

Está el Cristo de la Vega
la cruz en tierra posada,
los pies alzados del suelo
poco menos de una vara;
hacia la severa imagen
un notario se adelanta,
de modo que con el rostro
al pecho santo llegaba.
A un lado tiene a Martínez;
al otro lado, a Inés de Vargas;
detrás el gobernador
con sus jueces y sus guardias.
Después de leer dos veces
la acusación entablada
el notario a Jesucristo
así demandó en voz alta:
-Jesús, hijo de María,
ante nos esta mañana
citado como testigo
por boca de Inés de Vargas
¿juráis ser cierto que un día
a vuestras divinas plantas
juró a Inés Diego Martínez
por su mujer desposarla?
Asida a un brazo desnudo
una mano atarazada
vino a posar en los autos
la seca y endida palma,
y allá en los aires "¡Sí, juro!"
clamó una voz más que humana.
Alzó la turba medrosa
la vista a la imagen santa
Los labios tenía abiertos
y una mano desclavada.

(lee el poema completo y otras obras de Zorrilla en
Biblioteca Virtual Cervantes)

José Zorrilla (1817-1893)


(El Cristo de la Vega.
Basílica de Santa Leocadia, Toledo)