martes, 30 de junio de 2009

Panero, Leopoldo. Hablo como sin piel.


... Hablo como sin piel. Es de noche.
Estoy como la brisa entre los dedos del anciano.
Escribo palotes oscuros que se mueven,
tiemblo a su lado como un niño,
echo borrones, vuelco el tintero. Hablo.

Me dirijo a mí mismo, como el ciego que se apoya en la pared.

Pido limosna a mis palabras,
frecuento lo árido de mi corazón,
hago solitarios con mis imágenes más íntimas,
releo mis cuadernos, los tacho,
los tiro,
los estrujo furiosamente
y olvidando mis tiradas palabras,
simplemente,
te rezo

Leopoldo Panero (1909-1962)

Otros poemas de Leopoldo Panero

lunes, 29 de junio de 2009

De Otero, Blas. Noticias de todo el mundo


A los cuarenta y siete años de mi edad,
da miedo decirlo, soy sólo un poeta español
(dan miedo los años, lo de poeta, y España)
de mediados del siglo xx. Esto es todo.
¿Dinero? Cariño es lo que yo quiero,
dice la copla. ¿Aplausos? Sí, pero no me entero.
¿Salud? Lo suficiente. ¿Fama?
Mala. Pero mucha lana.
Da miedo pensarlo, pero apenas me leen
los analfabetos, ni los obreros, ni
los niños.
Pero ya me leerán. Ahora estoy aprendiendo
a escribir, cambié de clase,
necesitaría una máquina de hacer versos,
perdón, unos versos para la máquina
y un buen jornal para el maquinista,
y, sobre todo, paz,
necesito paz para seguir luchando
contra el miedo,
para brindar en medio de la plaza
y abrir el porvenir de par en par,
para plantar un árbol
en medio de miedo,
para decir «buenos días» sin engañar a nadie,
«buenos días, cartero» y que me entregue una carta
en blanco, de la que vuele una paloma.

Blas de Otero (1916-1979)

domingo, 28 de junio de 2009

De Góngora. Fábula de Polifemo y Galatea.


De este, pues, formidable de la tierra
bostezo, el melancólico vacío
a Polifemo, horror de aquella sierra,
bárbara choza es, albergue umbrío
y redil espacioso donde encierra
cuanto las cumbres ásperas cabrío,
de los montes, esconde: copia bella
que un silbo junta y un peñasco sella.

Un monte era de miembros eminente
este (que, de Neptuno hijo fiero,
de un ojo ilustra el orbe de su frente,
émulo casi del mayor lucero)
cíclope, a quien el pino más valiente,
bastón, le obedecía, tan ligero,
y al grave peso junco tan delgado,
que un día era bastón y otro cayado.

Negro el cabello, imitador undoso
de las obscuras aguas del Leteo,
al viento que lo peina proceloso,
vuela sin orden, pende sin aseo;
un torrente es su barba impetuoso,
que (adusto hijo de este Pirineo)
su pecho inunda, o tarde, o mal, o en vano
surcada aun de los dedos de su mano.


Luis de Góngora (1561-1627)

Lee y escucha fragmentos del Polifemo y otros poemas de Góngora en
La Palabra Virtual

(Descarga obra completa de Góngora)


"Traducción" en prosa de las tres octavas:

El melancólico vacío de esta gruta -que es como un formidable bostezo de la tierra- le sirve a Polifemo, horror de aquella sierra, como bárbara choza, como albergue sombrío y redil espacioso en el que encierra cuanto ganado cabrío esconden las cumbres ásperas de los montes: (ganado que es) bella abundancia que (Polifemo) reúne con un silbido y encierra con el peñasco.


Este cíclope (hijo fiero de Neptuno) era como un alto monte de miembros; en cuya frente, ancha como un orbe, brilla un ojo que casi puede competir con el sol; el pino más fuerte le servía de bastón ligero y, a causa de su gran peso, se doblaba como un delgado junco, de tal manera que un día era recto bastón y al día siguiente curvado cayado.


El cabello negro imita con sus ondas a las oscuras aguas del río Leteo, vuela sin orden y cuelga sucio al viento tempestuoso; su barba es como un torrente impetuoso que ha nacido en lo alto de este Pirineo (el cíclope gigantesco) e inunda su pecho, y que sólo se peina con sus dedos de tarde en tarde, mal o inútilmente.

sábado, 27 de junio de 2009

Alberti, Rafael. Los dos ángeles.


Ángel de luz, ardiendo,
¡oh, ven!, y con tu espada
incendia los abismos
donde yace
mi subterráneo ángel de las nieblas.

¡Oh espadazo en las sombras!
Chispas
múltiples,
clavándose en mi cuerpo,
en mis alas sin plumas,
en lo que nadie ve,
vida.

Me estas quemando vivo.
Vuela ya de mí, oscuro
Lucifer
de las canteras sin auroras,
de los pozos sin agua,
de las simas
sin sueño,
ya carbón del espíritu,
sol, luna.

Me duelen los cabellos
y las ansias
¡Oh, quémame!
¡Más, más, sí, sí, más! ¡:Quémame!

¡Quémalo, ángel de luz,
custodio mío,
tú que andabas llorando por las nubes,
tú, sin mí, tú, por m´,
ángel frío de polvo, ya sin gloria,
volcado
en las tinieblas!

¡Quémalo, ángel de luz,
quémame y huye!

Rafael Alberti (1902-1999)




Escucha más poemas de Rafael Alberti en
La Palabra Virtual
Y también en este enlace de la
página oficial de Rafael Alberti

viernes, 26 de junio de 2009

Hierro, José. Con las piedras, con el viento.



Con las piedras, con el viento
hablo de mi reino.

Mi reino vivirá mientras
estén verdes mis recuerdos.
Cómo se pueden venir
nuestras murallas al suelo.
Cómo se puede no hablar
de todo aquello.
El viento no escucha. No
escuchan las piedras, pero
hay que hablar, comunicar,
con las piedras, con el viento.

Hay que no sentirse solo.
Compañía presta el eco.
El atormentado grita
su amargura en el desierto.
Hay que desendemoniarse,
liberarse de su peso.
Quien no responde, parece
que nos entiende,
con las piedras, con el viento.

Se exprime así el alma. Así
se libra de su veneno.
Descansa, comunicando
con las piedras, con el viento.

De "Con las piedras, con el viento" 1950

José Hierro (1922-2002)

jueves, 25 de junio de 2009

Ullán, José Miguel. De corazón a corazón


"...yo no robé, no asesiné; fui niño
y en cambio me golpean y golpean..."
(Juan Gelman)

de corazón a corazón
hirientes
aluvional la carta y la alianza
voy a buscarte en roca compañera
deslizando los naipes por la manga
los naipes por el pecho
los naipes por la casa
y aquel fuego de flechas sin manzanas
yo te diré
que no aguardo feliz junto al estrago
de la tormenta patria

apasionadamente cruzaremos
la frontera de tierra maniatada
mientras prevés la hora bajo las catedrales
y te arrojas al músculo
porque te llamo en nombre del andamio
porque de acumularte mi memoria repica
y aquí las decisiones
los versos apagados
narrar calladamente el olor del destino
del pájaro maldito
de las llaves sumisas
(ah el traidor rendimiento)
que descubren la cama
y amigos siempre amigos
bebedores de muerte
que decimos a todos
venid venid venid
este es el llanto

cuánta desesperanza milenaria
al trenzar el cordón bajo la encina
mientras el beso a poco
la hoguera por mañanas
letanías vigentes de joaquín
húmedas letanías
y decirte que adiós que hasta la tarde
pero con una duda
imperdonable
amada
por su sabor a no sé qué sabido
en las dolidas calles
repletas de tristeza
repletas de amargura
bofetones pacíficos

todo está caro
amor
por las esquinas
y ayer peor y qué vendrá mañana
obligado silencio sempiterno
cerca del descubrir la dentadura
la calavera en fiebre
por encima de tanto salmo al padre
nosotros no diremos el vocablo sufrido
como dice ramón
palabras anchas
y para darme cuenta
para amarte sabiéndonos con miedo
del hachazo en la espalda
rompo todo naufragio
me levanto del féretro
te tomo de la mano
rompo las prohibiciones ya previstas
o sea rompo todo
rompo a llorar a silenciar las cosas
el labio solitario
por ti y por mí
por cuantos
renunciamos a hablar del arcoiris
y desfilan amigos como félix
estimulando el grito
velozmente la red
enumerados
(mucho perdón os pido)
como quien relatara
una fila de muertos entrañables
relatada por muertos
como tú y yo
como la noche misma
como abanicos muertos
pese al miedo en la palma de la mano
el corazón la carta y la alianza.

miércoles, 24 de junio de 2009

García Lorca, Federico. Romance sonámbulo.


Verde que te quiero verde
Verde viento, verdes ramas
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas.

Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.

--Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
desde los puertos de Cabra.

--Si yo pudiera, mocito,
este trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.

--Compadre, quiero morir,
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?

--Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.

--Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
¡dejadme subir!, dejadme
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.

Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal
herían la madrugada.

Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.

--¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está tu niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara,
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!

Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche se puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña.

(De "Romancero gitano")

Federico García Lorca (1898-1936)

(Escucha el poema cantado por Manzanita y María Jiménez)


Escucha el poema recitado por Alberti:


martes, 23 de junio de 2009

Gelman, Juan. Oración de un desocupado.


Padre,
desde los cielos bájate, he olvidado
las oraciones que me enseñó la abuela,
pobrecita, ella reposa ahora,
no tiene que lavar, limpiar, no tiene
que preocuparse andando el día por la ropa,
no tiene que velar la noche, pena y pena,
rezar, pedirte cosas, rezongarte dulcemente.

Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,
que me muero de hambre en esta esquina,
que no sé de qué sirve haber nacido,
que me miro las manos rechazadas,
que no hay trabajo, no hay,
bájate un poco, contempla
esto que soy, este zapato roto,
esta angustia, este estómago vacío,
esta ciudad sin pan para mis dientes, la fiebre
cavándome la carne,
este dormir así,
bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
tócame el alma, mírame
el corazón,
yo no robé, no asesiné, fui niño
y en cambio me golpean y golpean,
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
si estás, que busco
resignación en mí y no tengo y voy
a agarrarme la rabia y a afilarla
para pegar y voy
a gritar a sangre en cuello
por que no puedo más, tengo riñones
y soy un hombre,
bájate, qué han hecho
de tu criatura, Padre?
un animal furioso
que mastica la piedra de la calle?

(de "Violín y otras cuestiones")

Juan Gelman (1930- )

lunes, 22 de junio de 2009

De Ory, Carlos E. Las palabras.

Ellas vienen a mí tibias palpables
raíces cosidas a la luz de un símbolo
hechas plata de abismo y dc misterio
hechas oro de místico aparejo
hechas hierro de lenguas sempiternas
hechas coral de costas imposibles
hechas carbón de vívidos destellos
hechas miel hechas brasas hechas cobre
hechas caricias de abundante ritmo
hechas comba estelar hechas cenizas
Las palabras son labios homogéneos
de dioses mudos que trasudan sones
son meollos livianos lumbres próceres
raros cisnes de fuego que transmiten
huevos también de fuego cisnes suaves
aves suaves lluvias hilos llaves
secretos que se posan lentos líricos
en las celestes fibras del poeta

(Madrid, 1949)

Carlos Ed. De Ory (1923 - )

domingo, 21 de junio de 2009

Neruda, Pablo. En ti la tierra.


Pequeña
rosa,
rosa pequeña,
a veces,
diminuta y desnuda,
parece
que en una mano mía
cabes,
que así voy a cerrarte
y a llevarte a mi boca,
pero
de pronto
mis pies tocan tus pies y mi boca tus labios,
has crecido,
suben tus hombros como dos colinas,
tus pechos se pasean por mi pecho,
mi brazo alcanza apenas a rodear la delgada
línea de luna nueva que tiene tu cintura:
en el amor como agua de mar te has desatado:
mido apenas los ojos más extensos del cielo
y me inclino a tu boca para besar la tierra.

Pablo Neruda (1904-1973)

Escucha el poema recitado por Sabines



sábado, 20 de junio de 2009

Rosales, Luis. Porque todo es igual y tú lo sabes.


Porque todo es igual y tú lo sabes,
has llegado a tu casa y has cerrado la puerta
con aquel mismo gesto con que se tira un día,
con que se quita la hoja atrasada al calendario
cuando todo es igual y tú lo sabes.
Has llegado a tu casa,
y, al entrar,
has sentido la extrañeza de tus pasos
que estaban ya sonando en el pasillo antes de que llegaras,
y encendiste la luz, para volver a comprobar
que todas las cosas están exactamente colocadas, como estarán dentro de un año,
y después,
te has bañado, respetuosa y tristemente, lo mismo que un suicida,
y has mirado tus libros como miran los árboles sus hojas,
y te has sentido solo,
humanamente solo,
definitivamente solo porque todo es igual y tú lo sabes.

Has llegado a tu casa,
y ahora querrías saber para qué sirve estar sentado,
para qué sirve estar sentado igual que un náufrago
entre tus pobres cosas cotidianas.
Sí, ahora quisiera yo saber
para qué sirven el gabinete nómada y el hogar que jamás se ha encendido,
y el Belén de Granda
- el Belén que fue niño cuando nosotros todavía nos dormíamos cantando -
y para qué puede servir esta palabra: ahora
esta palabra misma "ahora",
cuando empieza la nieve,
cuando nace la nieve,
cuando crece la nieve en una vida que quizás está siendo la mía,
en una vida que no tiene memoria perdurable,
que no tiene mañana,
que no conoce apenas si era clavel, si era rosa,
si fue azucenamente hacia la tarde.

Sí, ahora
me gustaría saber para qué sirve este silencio que me rodea,
este silencio que es como un luto de hombres solos,
este silencio que yo tengo,
este silencio
que cuando Dios lo quiere se nos cansa en el cuerpo,
se nos lleva,
se nos duerme a morir,
porque todo es igual y tú lo sabes.

Luis Rosales (1910-1992)

viernes, 19 de junio de 2009

Lope de Vega, Felix. Sonetos. Desmayarse, atreverse,...


Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor: quien lo probó lo sabe.

Félix Lope de Vega (1547-1635)



Leer todos los sonetos de Lope


jueves, 18 de junio de 2009

Bécquer, Gustavo A. Rima LIII. Volverán las oscuras golondrinas..


Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y, otra vez, con el ala a sus cristales
jugando llamarán;
pero aquéllas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha al contemplar,
aquéllas que aprendieron nuestros nombres...
ésas... ¡no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde, aun más hermosas,
sus flores se abrirán;
pero aquellas, cuajadas de rocío,
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer, como lágrimas del día...
ésas... ¡no volverán!

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón, de su profundo sueño
tal vez despertará;
pero mudo y absorto y de rodillas,
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido..., desengáñate:
¡así no te querrán!

Gustavo A. Bécquer (1836-1870)

(Gustavo A. Bécquer en la Biblioteca Virtual Cervantes
- obra digitalizada y archivos sonoros -)

(Escucha esta rima recitada por Paco Valladares)

(Escucha la versión musicada de Paco Ibánez)

miércoles, 17 de junio de 2009

Jebeleanu, Eugen, Metamorfosis.


Pude haber sido un árbol, bajo el cual
tú te habrías recostado cuando yo no te conocía,
habría hecho oscilar dulcemente una de mis ramas, casi al azar,
para besar tus ojos.

Habría sido quizás una hoja blanca,
sobre la cual te hubieses inclinado pensando en silencio
y yo habría besado, mientras tú dibujabas,
el mármol
de tu mano desnuda.

Hubiese podido ser un muro,
un muro
a la sombra del cual
estaría con otro, no conmigo...
Y yo con gran dolor
me hubiera derrumbado
ante tus ojos pálidos de espanto.

Eugen Jebeleanu (1909-1991)


martes, 16 de junio de 2009

De la Vega, Garcilaso. Soneto XIII . A Dafne...

(Apolo y Dafne, de Bernini)

A Dafne ya los brazos le crecían,
y en luengos ramos vueltos se mostraba;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos que el oro escurecían.

De áspera corteza se cubrían
los tiernos miembros, que aún bullendo estaban:
los blancos pies en tierra se hincaban,
y en torcidas raíces se volvían.

Aquel que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar, crecer hacía
este árbol que con lágrimas regaba.

¡Oh miserable estado! ¡oh mal tamaño!
¡Que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón porque lloraba!

Garcilaso de la Vega (1501-1536)

lunes, 15 de junio de 2009

Alberti, Rafael. Nocturno.


Cuando tanto se sufre sin sueño y por la sangre
se escucha que transita solamente la rabia,
que en los tuétanos tiembla despabilado el odio
y en las médulas arde continua la venganza,
las palabras entonces no sirven: son palabras.

Balas. Balas.

Manifiestos, artículos, comentarios, discursos,
humaredas perdidas, neblinas estampadas.
¡qué dolor de papeles que ha de barrer el viento,
qué tristeza de tinta que ha de borrar el agua!

Balas. Balas.

Ahora sufro lo pobre, lo mezquino, lo triste,
lo desgraciado y muerto que tiene una garganta
cuando desde el abismo de su idioma quisiera
gritar lo que no puede por imposible, y calla.

Balas. Balas.

Siento esta noche heridas de muerte las palabras.

Rafael Alberti (1902-1999)


R. Alberti y Paco Ibáñez


domingo, 14 de junio de 2009

Porpetta, Antonio. Donde se dice de los ojos de la amada

Yo no sé qué sucede, amiga mía,
con tus ojos:
los tengo siempre cerca,
tan lluviamente próximos
que con ellos tropiezo a cada instante
como el viento tropieza con los pájaros.
No sé si es que los pierdes,
los dejas olvidados,
como olvidas y pierdes tantas cosas al día:
tu inocencia, el futuro,
el sabor de los miércoles...
o es que son, simplemente, derramados y múltiples,
de mirada plural y peregrina.
Los encuentro en mis libros
resumiendo en su azul la mar entera,
en el llanto cansado de los viejos retratos,
en la luz del quinqué, en los estuches
donde guardo tu ausencia,
en todos los espejos,
en todas las estatuas,
en todas las adelfas.
A veces me vigilan desde el techo
con su casta negrura,
o juegan con el gato en las alfombras,
o surgen de repente entre las teclas
de mi olympia portátil
y entonces ya no hay forma de acabar el poema.
Cuando voy por la calle me persiguen
con su verde milagro de arrayanes,
se posan en mi hombro,
saltan a las buhardillas,
o esperan escondidos detrás de las farolas
hasta que los descubro y se diluyen
en un vuelo de risas y pestañas.
Y en la noche, dormido, se me acercan
con su pardo color de miel antigua,
los noto acariciarme, meterse entre mis venas
y navegar mi cuerpo mansamente
en una singladura de párpados y sueños.
Ah, tus ojos tempranos que todo lo amanecen,
tus ojos caminantes que lo bautizan todo
con el agua más clara,
tus ojos unitivos
que atraviesan mi tiempo y lo reducen
a su doble universo,
tus ojos compañeros,
tus ojos: tantos ojos
que jamás me abandonan.

(De "Territorio del fuego")

Antonio Porpetta (1936-)

sábado, 13 de junio de 2009

Pinilla, José María. Hablando conmigo, sin ti.

José María Pinilla, foto de Edith Checa

Anoche conversé con mi pasado
en el secreto que da la intimidad,
—ese silencio lento, no amaestrado
que junta pasos—
cuando las alforjas se vacían de proyectos
y faltan los disfraces de mis dedos
en tus dedos.

Ya nada impide el beso, salvo el beso.
Nos besamos en los besos, no en los labios.
Porque los labios que quiero están distantes.
No son mis labios. Son tus labios.
Son cómo pájaros que vuelan disimulos,
ordenan las cosas distraídas
y archivan los olvidos de tu frente
en mis manos de ciego, cuando callas.

Anoche conversé con mi pasado
en medio de los puntos cardinales.
Le hablaba de tu entrega, de tu talle,
de cómo yo inventaba tus caricias,
abotonando la sorpresa que dormía
en el secreto sin secreto
de tu almohada imaginaria;
ya sin traje de descanso,
perfilando los colores de la huida,
en el dibujo de la esencia,
escaparate desnudo del tiempo,
buzón de los abrazos,
todo entero,
caminando hacia el mañana.

Anoche, conversé con mi pasado,
y en la arruga del silencio
faltaban tus palabras.

José María Pinilla (1951-2009)


viernes, 12 de junio de 2009

Anónimo. Plegaria del árbol.

El viajero que llegue hasta Vilassar de Mar, frente al mar del Maresme,
se verá sorprendido en su callejeo por este pequeño monumento dedicado al árbol.
Sobre el humilde azulejo, la plegaria del árbol se le revela poesía honda, humana, sabia,
como sólo le es dada alcanzar a un gran poeta
(ya sea con nombre y apellidos, ya sea anónimo y popular)


Tú que pasas y levantas contra mi tu brazo, que inconsciente me zarandeas, antes de hacerme daño, mírame bien.
Yo soy el armazón de tu cama, la madera de tu barca, la tabla de tu mesa, la puerta de tu casa, la viga que sostiene tu techo, la cama en que descansas.

Yo soy el mango de tu herramienta, el bastón de tu vejez, el mástil de tus ilusiones y esperanzas.

Yo soy el fruto que te nutre y calma tu sed, la sombra bienhechora que te cobija contra los ardores del sol, el refugio bondadoso de los pájaros que alegram con su canto tus horas y que limpian tus campos de insectos.

Yo soy la hermosura del paisaje, el encanto de tu huerta, la señal de la montaña, el lindero del camino.

Yo soy el calor de tu hogar en las noches largas y frías del invierno, el perfume que embalsama a todas horas el viaje que respiras, el oxígeno que vivifica tu sangre, la salud de tu cuerpo y la alegría de tu alma; y hasta al fin, yo soy el ataúd que te acompaña al seno de la tierra.

Poe todo eso, tú que me miras, tú que me plantaste por tu mano, tú que me diste el ser y puedes llamarme hijo... óyeme bien, mírame bien... ¡y no me hagas daño!

el gran escritor argentino, autor de "Facundo (Civilización y Barbarie)" .
(Cualquier aclaración sobre la autoría de este texto será muy agradecida)

jueves, 11 de junio de 2009

Valente, José Ángel. El adiós.



Entró y se inclinó hasta besarla
porque de ella recibía la fuerza.

(La mujer lo miraba sin respuesta.)

Había un espejo humedecido
que imitaba la vida vagamente.
Se apretó la corbata,
el corazón,
sorbió un café desvanecido y turbio,
explicó sus proyectos
para hoy,
sus sueños para ayer y sus deseos
para nunca jamás.

(Ella lo contemplaba silenciosa.)

Habló de nuevo. Recordó la lucha
de tantos días y el amor
pasado. La vida es algo inesperado,
dijo. (Más frágiles que nunca las palabras),
Al fin calló con el silencio de ella,
se acercó hasta sus labios
y lloró simplemente sobre aquellos
labios ya para siempre sin respuesta.

"A modo de esperanza" (1955)

José Ángel Valente (1929-2000)

miércoles, 10 de junio de 2009

Alvarado, Carlos. Con tinta de amapolas.


Con tinta de amapolas
se escriben los asuntos del alma
con tintas de amapolas
se escribe la memoria del sueño
con tinta de amapolas diseño un refugio,
un escudo, un vuelo y un cielo
porque el alma tiene de amapola
el color, lo suave, lo frágil
las arrugas y también lo etéreo
lo efímero y lo que se lleva el viento

y de ella un color que se queda en la pupila todo un invierno
amapola, alita silvestre, que se va con el frío y vuelve con el sol
y acompaña al trigo y al labriego
se alimenta de luz y se cierra en las noches
y su pétalo es bueno para elevarse al cielo
y de ella saco la tinta para ecribirte primero
con tinta de amapolas
tinta mi casa, tinto mi vino, tinte de luz
con tinta de amapolas lo tiño primero
por que su cáliz tiene de beso
por que puede que te vean roja y puede que te vean negra
quien quiera que te vea pobre, quien quiera que te vea rica
del alma extraigo la tinta, extraje ideas, extraeré primaveras
para acercarme a tu amapola o a tu espiga jactanciosa
voy y vengo como pétalo a la deriva en un viento rojo de sueños
y en mi vuelo aprendo el canto y aprendo a extraer la tinta
tinta de amapolas
tinta de besos
tinta para escribirte, yo primero...

("Con Tinta de Amapolas", Yerba Buena, Tucumán,
Lucio Piérola Ediciones, 2007)




martes, 9 de junio de 2009

Machado, Manuel. Lirio.

(Los hermanos Manuel y Antonio Machado)

Casi todo alma,
vaga Gerineldos
por esos jardines
del rey, a lo lejos,
junto a los macizos
de arrayanes…

Besos
de la reina dicen
los morados cercos
de sus ojos mustios,
dos idilios muertos.
Casi todo alma,
se pierde en silencio,
por el laberinto
de arrayanes… ¡Besos!
Solo, solo, solo,
lejos, lejos, lejos…
Como una humareda,
como un pensamiento…
Como esa persona
extraña que vemos
cruzar por las calles
oscuras de un sueño.

Manuel Machado (1874-1947)

lunes, 8 de junio de 2009

Aleixandre, Vicente. La rosa


Yo sé que aquí en mi mano
te tengo, rosa fría.
Desnudo el rayo débil
del sol te alcanza. Hueles,
emanas. ¿ Désde dónde,
trasunto helado que hoy
me mientes ? ¿ Desde un reino
secreto de hermosura,
donde tu aroma esparces,
para invadir un cielo
total en que dichosos
tus solos aires, fuegos,
perfumes se respiran?
¡Ah, sólo allí celestes
criaturas tú embriagas!
Pero aquí, rosa fría,
secreta estás, inmóvil;
menuda rosa pálida
que en esta mano finges
tu imagen en la tierra.

Vicente Aleixandre (1898-1984)


domingo, 7 de junio de 2009

González, Ángel. Inventario de lugares propicios al amor.



Son pocos.
La primavera está muy prestigiada, pero
es mejor el verano.
Y también esas grietas que el otoño
forma al interceder con los domingos
en algunas ciudades
ya de por sí amarillas como plátanos.
El invierno elimina muchos sitios:
quicios de puertas orientadas al norte,
orillas de los ríos,
bancos públicos.
Los contrafuertes exteriores
de las viejas iglesias
dejan a veces huecos
utilizables aunque caiga nieve.
Pero desengañémonos: las bajas
temperaturas y los vientos húmedos
lo dificultan todo.
Las ordenanzas, además, proscriben
la caricia ( con exenciones
para determinadas zonas epidérmicas
-sin interés alguno-
en niños, perros y otros animales)
y el «no tocar, peligro de ignominia»
puede leerse en miles de miradas.
¿Adónde huir, entonces?
Por todas partes ojos bizcos,
córneas torturadas,
implacables pupilas,
retinas reticentes,
vigilan, desconfían, amenazan.
Queda quizá el recurso de andar solo,
de vaciar el alma de ternura
y llenarla de hastío e indiferencia,
en este tiempo hostil, propicio al odio.

Ángel González (1925-2008)

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sábado, 6 de junio de 2009

García Lorca, Federico. Anda jaleo.


Yo me subí a un pino verde
por ver si la divisaba,
y sólo divisé el polvo
del coche que la llevaba.

Anda, jaleo, jaleo!
Ya se acabó el alboroto
y vamos al tiroteo.

En la calle de los muros
han matao a una paloma;
yo cortaré con mis manos
las flores de su corona.

Anda, jaleo, jaleo!
Ya se acabó el alboroto
y vamos al tiroteo.

No salgas, paloma, al campo,
mira que soy cazador,
y si te tiro y te mato
para mí será el dolor,
para mí será el quebranto.

Anda jaleo, jaleo!
Ya se acabó el alboroto
y vamos al tiroteo.

Federico García Lorca (1898-1936)


viernes, 5 de junio de 2009

Sabines, Jaime. Ayer estuve observando.



—Ayer estuve observando a los animales y me puse a pensar en ti. Las hembras son más tersas, más suaves y más dañinas. Antes de entregarse maltratan al macho, o huyen, se defienden. ¿Por qué? Te he visto a ti también, como las palomas, enardeciéndote cuando yo estoy tranquilo. ¿Es que tu sangre y la mía se encienden a diferentes horas?

Ahora que estás dormida debías responderme. Tu respiración es tranquila y tienes el rostro desatado y los labios abiertos. Podrías decirlo todo sin aflicción, sin risas.

¿Es que somos distintos? ¿No te hicieron , pues, de mi costado, no me dueles?

Cuando estoy en ti, cuando me hago pequeño y me abrazas y me envuelves y te cierras como la flor con el insecto, sé algo, sabemos algo. La hembra es siempre más grande, de algún modo.

Nosotros nos salvamos de la muerte. ¿Por qué? Todas las noches nos salvamos. Quedamos juntos, en nuestros brazos, y yo empiezo a crecer como el día.

Algo he de andar buscando en ti, algo mío que tú eres y que no has de darme nunca.

¿Por qué nos separaron? Me haces falta para andar, para ver, como un tercer ojo, como otro pie que sólo yo sé que tuve.

Jaime Sabines (1926-1999)

Escucha al autor recitando su poema en
La Palabra Virtual

O escúchalo directamente aquí:

jueves, 4 de junio de 2009

Castelar Lorca, Sara. Collige, virgo, rosas.


El tiempo escribe su almanaque de huesos
y declina los pliegues del reloj en el implacable arco de las uñas.
Para la eternidad se suman nombres,
almas consagradas a La Estigia
como peces finales que se enroscan al sueño.

Resulta terrible la vejez de la araña
que multiplica en ocho la tristeza,
resulta tan terrible el aguijón alado de la arruga
posándose en el rostro, la consciencia del dios inanimado
que desde el vientre acude a despedirnos.

Deja que la ceguera selle el plomo de lo efímero
y el corazón se lacre con la avidez del siempre.

Sí, yo soy la que descansa sobre un río
y renegó de mares secundarios para sumarme al Uno,
la que disecciona uvas
para abrigar la lengua con su humedad carnosa,
la que aparta el revólver de la nuca con el que todos nacen,
la que baila
o gime
sobre el ribete terso de la noche.

Deja que la razón desborde hasta cambiarse el rostro,
hasta doblarse obscena sobre su propio cuerpo,
que sucia se derrame sobre los calendarios
y que el día se quiebre en sus terminaciones.

Sí, yo soy la que recoge las rosas
y corre tan descalza como las buganvillas,
la que traiciona al miedo con los besos más dulces
o descose los hilos del lenguaje donde lo eterno recta.

Porque siempre nunca es siempre jamás.

Sara Castelar Lorca

(Gracias a la autora por autorizar la publicación del poema en nuestro blog)

miércoles, 3 de junio de 2009

Morábito, Fabio. Hay una bestia.


Hay una bestia adentro que me seca,
se mueve por arterias,
no por venas,
pero soy incapaz de dibujarla,
sólo la intuyo.
Un verso bastaría para matarla
pero es astuta
se mueve en lo profundo.
Me abro las venas
para que caiga, para que se disperse
y me conozca
pero ella ayuna
y a veces creo que se ha ido
y me ha dejado libre.
Y sin embargo sigue ahí
como una raspadura inocua,
como quien hace un túnel,
y puedo oírla en mis mejores versos.
Ella también está cautiva,
está en mi círculo vicioso.
¿En qué momento se desbordará
para ocuparme,
para integrarme más a lo que soy,
para volverme idéntico a mí mismo
y encarcelarme en todo lo que he escrito
hasta dejarme mudo?


Ecucha poemas de Fabio Morábito recitados por él mismo en


martes, 2 de junio de 2009

Peri Rossi, Cristina. In memoriam.


Escríbelo para que no perezca.
Escríbelo contra el olvido.
Escríbelo para retenerlo.
Fíjalo en palabras,
runas del deseo,
abecedario del amor,
palíndromo de ama, amalama,
y una vez escrito,
una vez fijado en tinta,
en papel,
en caligrafía,
en cuartillas,
una vez clavado, retenido, encerrado en palabras,
léelo.
Comprenderás, entonces, que todo ha sido inútil.
La vida se nos escapó entre las caricias y los besos
como se nos escapó en palabras.

Cristina Peri Rossi (1941-)

lunes, 1 de junio de 2009

Whitman, Walt. Una hoja de hierba.


Creo que una hoja de hierba, no es menos
que el día de trabajo de las estrellas,
y que una hormiga es perfecta,
y un grano de arena,
y el huevo del régulo,
son igualmente perfectos,
y que la rana es una obra maestra,
digna de los señalados,
y que la zarzamora podría adornar,
los salones del paraíso,
y que la articulación más pequeña de mi mano,
avergüenza a las máquinas,
y que la vaca que pasta, con su cabeza gacha,
supera todas las estatuas,
y que un ratón es milagro suficiente,
como para hacer dudar,
a seis trillones de infieles.

Descubro que en mí,
se incorporaron, el gneiss y el carbón,
el musgo de largos filamentos, frutas, granos y raíces.
Que estoy estucado totalmente
con los cuadrúpedos y los pájaros,
que hubo motivos para lo que he dejado allá lejos
y que puedo hacerlo volver atrás,
y hacia mí, cuando quiera.
Es vano acelerar la vergüenza,
es vano que las plutónicas rocas,
me envíen su calor al acercarme,
es vano que el mastodonte se retrase,
y se oculte detrás del polvo de sus huesos,
es vano que se alejen los objetos muchas leguas
y asuman formas multitudinales,
es vano que el océano esculpa calaveras
y se oculten en ellas los monstruos marinos,
es vano que el aguilucho
use de morada el cielo,
es vano que la serpiente se deslice
entre lianas y troncos,
es vano que el reno huya
refugiándose en lo recóndito del bosque,
es vano que las morsas se dirijan al norte
al Labrador.
Yo les sigo velozmente, yo asciendo hasta el nido
en la fisura del peñasco.

(Versión de León Felipe)

Walt Whitman (1819-1892)


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